Así como en recientes estudios ha demostrado un efecto positivo en la respuesta a inmunoterapia de pacientes con cáncer, ahora se postula como clave en el incremento de los años de vida
Municipiosur.com
Agencias
Bacterias, virus, hongos y otros microorganismos que conviven en nuestro intestino tienen voz y voto no sólo en la aparición de enfermedades como la diabetes y la obesidad, también en la esperanza de vida. Un estudio pionero con apellido español demuestra que las alteraciones de la microbiota intestinal contribuyen al envejecimiento acelerado.
«Identificamos varias clases de proteobacterias asociadas», explica Carlos López-Otín, uno de los líderes del trabajo que acaba de publicar la revista Nature Medicine. La bacteria más destacada: la Akkermansia muciniphila. Así como en recientes estudios ha demostrado un efecto positivo en la respuesta a inmunoterapia de pacientes con cáncer, ahora se postula como clave en el incremento de los años de vida.
Tras el análisis de la microbiota de centenarios españoles, «observamos un aumento de bacterias beneficiosas como Akkermansia muciniphila». Precisamente este microorganismo aparecía en una proporción más reducida en las muestras examinadas de los ratones con progeria, una rara enfermedad que provoca un envejecimiento acelerado durante la infancia y conduce a la muerte prematura de los pacientes. Le ocurre a una de cada cuatro millones de personas. Sammy Basso es la cara más visible de esta realidad.
El equipo de científicos de la Universidad de Oviedo estudió también la microbiota de cinco pacientes con progeria. Se ha demostrado que los ratones y los pacientes afectados presentan un desequilibrio de la microbiota intestinal (disbiosis intestinal) y el objetivo era identificar las alteraciones causantes y «analizar si las bacterias cuyos niveles estaban alterados ejercían un papel beneficioso o perjudicial», argumenta López-Otín.
Reconocida la bacteria Akkermansia muciniphila, el grupo de investigadores puso en marcha dos vías de tratamiento en los ratones enfermos: el trasplante fecal de sus semejantes sanos y la terapia con la bacteria probiótica Akkermansia muciniphila. Así se consiguió extender sus vidas. Como explica la primera firmante del trabajo, Clea Bárcena, «el reemplazo de la microbiota endógena de los ratones con progeria por microbiota proveniente de ratones sanos mejoró diversos parámetros metabólicos, además de alargar la esperanza de vida; en cambio, los ratones sanos que recibieron un trasplante con microbiota de ratones con progeria mostraron alteraciones metabólicas como aumento de peso y de los niveles de glucosa en sangre».

