Gabriel García-Márquez
Como todos los años inicia a nivel nacional la campaña “Septiembre el mes del Testamento”, que tiene por objetivo promover la cultura del testamento y dar certeza jurídica a las familias, para no dejar en riesgo el patrimonio familiar. En esta ocasión el costo de un testamento en Veracruz será de $1,700.00, que cubre tanto los derechos causados como los honorarios del notario.
Para quien no lo sabe a ciencia cierta, el testamento es la manifestación voluntaria en la que el testador expresa voluntariamente de qué manera se debe disponer de sus bienes después de su muerte. En este acto el testador designa un heredero o herederos universales, determinando los porcentajes en que heredarán los bienes; o también puede designar legatarios, en cuyo caso se han de describir los bienes y las personas a quienes se les dejarán.
La finalidad del testamento es la de garantizar la seguridad jurídica a los familiares, para evitar conflictos entre quienes tienen o se sienten con derechos sobre los bienes.
Al existir un testamento se acelera el proceso de adjudicación de los bienes, toda vez que no es necesario acudir a los juzgados, lo que podría resultar engorroso y muy tardado.
Es importante saber que mientras viva el testador, el testamento se puede revocar en cualquier momento y se puede cambiar cuántas veces lo desee hacer.
Muchas personas suelen confundir la donación con el testamento, pero no son lo mismo. En la donación se transfiere el bien a otra persona y desde ese momento pasa a ser propiedad del donatario o beneficiario. Por el contrario, en el caso del testamento es la indicación de la forma cómo se repartirán los bienes, hasta que muere el testador se procede a la adjudicación del bien y es hasta ese momento que pasa a ser propiedad del heredero. Es decir, el beneficiario se convierte en propietario hasta que fallece el testador y se procede a tramitar la sucesión testamentaria, no antes.
Hay personas que optan por recurrir a la donación, que es un contrato traslativo de dominio, mediante el cual se transmite la propiedad de un bien a un familiar, pensando que de esta manera se anticipa la cesión de un bien a los posibles herederos; sin embargo, es importante saber que este es un acto definitivo, que al transmitir la propiedad aun cuando sea de manera gratuita, no se puede dar marcha atrás, a diferencia del testamento que se puede modificar cuantas veces sea necesario mientras viva el testador. En las donaciones sí se genera impuesto sobre la renta, excepto cuando se trata de una donación a un familiar en línea directa.
Ahora como nunca es importante contar con un testamento, para dar certeza jurídica y seguridad a los familiares sobre el patrimonio, evitando así que, de manera alevosa, personas ajenas se aprovechen de la falta de conocimiento de quienes tienen derecho sobre los bienes. Los herederos gastarán menos y será menos tardado concluir su adjudicación.
Es tiempo de acabar con el mito de que para firmar un testamento hay que estarse muriendo; para firmar un testamento solamente es necesario estar vivo y consciente de lo que se está firmando. Cabe recordar que nadie tiene la vida comprada. A la familia hay que dejarle bienes, no problemas.
EL MIT0 DE EL ALEPH
Gratamente sorprendido quedé al leer la última novela de Juan Manuel Rodríguez Caamaño, mejor conocido como Juanelo, recientemente publicada en Amazon. El Mito de El Aleph es una novela corta muy al estilo de Juanelo, que navega entre el intimismo y la ciencia ficción, que esta vez nos da toda una cátedra de cómo leer a tres grandes escritores de la literatura latinoamericana: Carlos Fuentes, Mario Benedetti y Jorge Luis Borges.
Este libro es un viaje a la ficción de estas obras, descubriendo los escenarios reales y a tratar de desnudar a las musas que inspiraron estas historias que forman parte imprescindible de la biblioteca universal contemporánea. “El Mito de El Aleph” nos lleva a los escenarios donde se desarrollan estas historias y a descubrir el punto donde las tres convergen y se juntan. De una manera ingeniosa e inteligente, hace que parezca como si estos autores se hubieran puesto de acuerdo para crear un eje sicológico que une a Aura, La Tregua y El Aleph.
Cada quien su musa, cada cual su escenario psicológico y cada uno su propio estilo. Los fantasmas de Aura en la Ciudad de México, la cotidianidad de La Tregua en Montevideo y el enigma de El Aleph en Buenos Aires. Todo esto tratado de manera por demás ingeniosa por Juan Manuel Rodríguez con un estilo ágil, jovial, sin cabos sueltos y lo más difícil de lograr en literatura, que sea creíble. Esta vez Juanelo lo logra: atrapa y covence.
Sin duda esta es una buena novela; sin embargo, ya es tiempo de que Rodríguez Caamaño se atreva a publicar sus obras en forma impresa, para llegar a un mayor número de lectores, no nada más a quienes tienen acceso al libro electrónico, porque no hay nada como oler y leer la literatura impresa en papel.

